lunes, 19 de marzo de 2012

CUESTIÓN DE ESTADO

Hola a todos los amantes del balompié,

tras mi descanso y búsqueda de temas más allá del duopolio Madrid-Barcelona ayer tuve la tentación de escribir sobre la vergüenza e indignación que sufrí en el templo blanco. Hablar de la desidia de un equipo partido tácticamente y vago anímicamente que se dejó dos puntos donde no había que hacerlo.

Pero sobre todo explicar porque mis esperanzas de ganar la Champions han desaparecido casi completamente tras ver que el Madrid sólo ha hecho, desde mi punto de vista, tres partidos brillantes (Pizjuan y visita del Español en Liga y vuelta ante el Barça en Copa) desde principios de noviembre. ¡Más de cuatro meses! Preocupante irregularidad (y muchísimos problemas a balón parado).

Pero me voy a mantener firme en mi intención de dejar mi madridismo a un lado y aplazando el efecto revulsivo del Cholo (que ya es menos… ) o la histórica victoria del Bilbao ante los Red Devils, quiero poner sobre la mesa un asunto del que se lleva hablando toda la temporada pero que tomó mucha más fuerza tras el anuncio de la última convocatoria de Vicente del Bosque: ¿quiénes serán los nueves de España?

Como en la dicotomía Pipa – Karim, en la roja ha habido siempre otra, Villa – Torres pero ahora se ha complicado el debate porque hay nuevos actores que entraron en escena.

Fernando Llorente ya estaba en nuestro primer trono mundial, era un buen secundario, un gran especialista pero ahora contempla la decadencia de los goleadores más antiguos desde su liderazgo en el equipo de moda. El Rey León quiere su trono también en la campeona del mundo.

La cantera del Madrid, fructífera para casi todos menos para los de la Castellana, aporta dos nombres a la discusión. Soldado y Negredo llevan años, a pesar de su juventud, demostrando su solvencia y regularidad goleando en equipos menores y últimamente en equipos con aspiraciones europeas.

Cinco hombres, tres puestos y varias maneras de enfocarlo.

Elijamos para empezar, por ejemplo, la tesis de que tienen que ir los que están más en forma. Si fuera así, no habría muchas dudas: Sodado, Llorente y Negredo. ¿O si las habría?

Soldado, de 26 años, lleva 15 goles en esta liga, 73 goles en liga en seis temporadas a pesar de estar una en blanco en el Real en la que jugó sólo cinco partidos. Grandes números y gran momento, viene de un hat trick en la catedral.

Llorente, 27 años recién cumplidos, 14 goles ligueros esta temporada, 77 goles en ocho ligas pero 70 en las últimas cinco, cuando empezó a consolidarse en el Athletic con 22 años.

Pero ¿Negredo? También de 26 años, tiene una muy buena trayectoria en el Almería y el Sevilla, con 63 goles en cuatro ligas BBVA, superando los 10 en todas y cada una de ellas pero este curso lleva seis dianas y ya sólo faltan 10 jornadas…

Si fuéramos estrictos con los estados de forma, el tiburón de Vallecas se quedaría fuera y quizá merecería más ir el otro vallecano, el de adopción, Michu, el delantero revelación de esta temporada con 13 tantos en el vecino más humilde de la capital.

El criterio para elegir nuestro tridente podrían ser los galones, la experiencia. Cuántos títulos han ganado, cuántos partidos internacionales tienen, cuántas veces han oído el himno de la Champions y si han estado en los anteriores logros de nuestro combinado.

Entonces los elegidos serían Villa, Torres y Llorente.

Villa ha sido pichichi en Eurocopa y Mundial, campeón de Europa con el Barcelona, inagotable goleador durante años y según sus médicos, disponible desde mediados de Abril.

“The Kid” tiene una de las estadísticas más sorprendentes y negativas de la historia para un delantero desde que fichó por el Chelsea pero antes fue el ídolo de Anfield tumbando al Arsenal o al Inter en Copa de Europa y se comió a Lahm en la gran final de la Euro 2008.

Llorente, es el más experto de los más jóvenes. Ha jugado más veces con la selección, es uno de nuestros campeones del mundo y ya ha asaltado el teatro de los sueños.

Pero podría haber una tercera forma de verlo. Elegir a los tres evaluándoles en relación con los otros dos y con el resto de la plantilla, es decir, por sus características y la complementariedad de las mismas más que únicamente por su rendimiento individual.

En ese caso, Llorente aportaría juego de espaldas a portería, Soldado movilidad, Villa desmarque y disparo, Torres potencia y peligro a la contra y Negredo disparo lejano y remate.

¿Y cuál sería la mejor combinación? Quizá Villa porque ya sabe lo que es jugar combinando con nuestros pequeños jugones día a día y es un peligro constante con su disparo desde fuera del área, Llorente por su juego de espaldas a portería que supone un recurso para momentos puntuales de partido y Soldado porque aunque su movilidad coincide con la de Villa, es algo más rápido, remata con las dos piernas, con la cabeza, ¡lo remata todo!

Para el juego español vale más la movilidad del artillero del Valencia que el recorrido del antiguo héroe colchonero o la corpulencia y fortaleza del ariete hispalense.

Pero como sabéis, España es un país en el que todos somos seleccionadores nacionales y no seguimos un frío análisis a la hora de escoger a nuestros favoritos.

Yo tampoco lo hago, o mezclo varios de estos criterios, y mi trío de goleadores sería el siguiente: Roberto Soldado, por su movilidad, su hambre de gol y sus méritos ésta y anteriores temporadas. Titular salvo resurrección de mi rubio predilecto en las últimas jornadas de la Premier (y la Champions… ).

Fernando Torres, porque si valoro la experiencia y porque mi influencia baloncestística me hace creer en los jugadores franquicia, los líderes, y “the Kid” lo es. No me gustaría prescindir de la determinación que he visto en su cara y en su juego en grandes citas en el pasado.

Fernando Llorente, bueno técnicamente, con gol y un maravilloso recurso, diferenciador, que puede desatascar partidos complicados como ya vimos en los octavos ante los de CR7 en Suráfrica.

Negredo no creo que aporte nada que no puedan aportar los otros y convocar a Villa me parecería una irresponsabilidad después de una lesión tan grave y tan larga.

Podremos seguir debatiendo unos meses más y defender nuestras pasiones “villistas” o “torristas” pero al final Krusty decidirá solo y no descartéis que directamente no juegue con ningún delantero en el once e incluso acabe convocando sólo a dos entre los 23 finales…

Con éstas y muchas otras dudas me despido hasta el próximo capítulo.

Un abrazo a todos y ¡qué viva el fútbol!

martes, 31 de enero de 2012

¿RESURRECCIÓN O ESPEJISMO?

Buenas noches a todos y ¡felicidades a los hinchas del Real Madrid!

Empiezo muy festivo a pesar del ambiguo título que da nombre a este artículo porque las cosas son como son y así hay que decirlas. La coherencia con lo que he escrito en el pasado, mi estado de ánimo, mis sensaciones cuando he visto los últimos partidos del Madrid y, sobre todo, la historia, dicen que en la casa blanca volverán a sumar su título más repetido. Volverán a conquistar un trofeo de máxima relevancia.

Pero no todo han sido alegrías entre las muchas cosas que han ocurrido desde que escribí por última vez lleno de desidia.

En estos 15 días se jugó el partido que yo recibía con tanta pereza y estuvo a la altura de mis expectativas. El Real volvió a tirar la toalla, a deshonrar su historia, su leyenda.

He de aclarar que prefiero el fútbol ofensivo y los entrenadores que lo son (aunque me gusta que también trabajen la defensa) pero no creo en que sólo haya una forma de jugar y de competir como pretenden predicar en Barcelona, y que, por lo menos desde mi punto de vista, la imagen del Real Madrid la da su historia, sus valores, los jugadores salidos de su cantera y sus directivos, que son su representación institucional.

La imagen del Real Madrid no la da un entrenador que provoca y es arrogante en ocasiones o un defensa agresivo y seguramente desequilibrado porque no han crecido en este club, porque tampoco se quedarán mucho tiempo.

Estos dos párrafos son necesarios porque la traición a nuestra historia en el partido del 18 de enero no reside para mi en el pisotón de Pepe o en que se regalase el balón. Nace en el miedo y el complejo con el que los blancos salieron al campo, con los que su técnico planteó el partido.

Me resistía a creer todo aquello del complejo de los merengues contra los blaugranas, achacaba nuestras derrotas a diferencias técnicas y tácticas pero después de la ida de la Copa empecé a convencerme de esa historia.

Defendí a Mou en sus ultra defensivos planteamientos del mes de abril y mayo de 2011 porque veníamos de más de dos años de neta inferioridad y estábamos en construcción. El camino se anda paso a paso. Pero tras dar los primeros y seguir creciendo en agosto en la Supercopa no pude entender ni el planteamiento timorato y relajado del 10-D, ni la regresión al trivote el 18-E, sobre todo después de la exhibición del Español en Liga contra los mal proclamados creadores del fútbol pocos días antes.

Más allá de orgullos que no conducen a ningún sitio o demagogia sobre la grandeza del madridismo, considero un planteamiento equivocado el del Real en el Bernabéu siendo el partido de ida de una eliminatoria de Copa.

En una ronda a doble partido, empezando en tu casa, hay que intentar ganar, y con margen. Concederle la posesión de balón al Barcelona (lo que le gusta) confiando en dejar la puerta a cero es bastante ingenuo y poco realista ya que el Barça de Pep pocas veces se ha quedado sin marcar en tres temporadas y media. Pensar que vas a marcar dos goles con los 11 en tu campo, con los extremos haciendo coberturas y con Lasaña y Pepe en el centro del campo acompañando al moribundo Xabi es también muy difícil de creer.

Entonces, ¿a qué aspiraba Yosé? ¿A empatar a cero? ¿A uno? Ambos son malos resultados en casa en una eliminatoria. Valían en Champions meses antes pero ahora… ¿No somos mejores que entonces? ¿No es el Barcelona más débil que aquella vez?

Los números contestan que si a las dos preguntas y diría que el fútbol también. El Real es capaz de tener posesiones más largas ahora y presionar a Valdés en su área. Los de La Masía son más lentos y se dejan más puntos fuera de casa que en el anterior curso.

Conclusión: planteamiento equivocado, resultado calamitoso (de la irresponsabilidad de alinear a dos jugadores casi sin minutos jugados después de más de cuatro meses de competición, ni hablamos).

Repercusiones: todos empezamos a dejar de creer. Porque más importante que perder es no estar cerca. Más duro que caer es ver que vuelves a alejarte.

Una semana más tarde se volvían a ver las caras. El mejor Özil había reaparecido frente a los leones, se había filtrado supuestamente una conversación de vestuario (me creo que se haya filtrado algo, la conversación tal y como se ha contado, en absoluto) y se empezaba a hablar del futuro, en otro lugar, de “The special one” la próxima temporada.

Y lo de blanco probaron otra cosa. Porque cuando haces las cosas siempre igual, ¿qué suele pasar? El Real jugó con doble pivote y los defensas jugando de defensas. Jugó con el bloque medio que en ocasiones fue alto. Jugó rápido porque su estilo es distinto al del Barcelona y no es necesario que sea igual porque no es la única verdad pero no jugó vertical ni a la contra. Fue coherente con el que tiene que remontar una eliminatoria y jugó con la concentración y la intensidad necesarias de una cita como esa.

Y estuvo sensacional. Y tuvo el balón (fuera de casa). Y tuvo las ocasiones. Pero no tuvo suerte ni acierto en alguna jugada defensiva (ya pasa de castaño oscuro).

Volvimos a ponernos por debajo y ahí salió la fe inagotable, la dignidad de nuestro escudo. Es en estos momentos cuando tiene que aparecer, no tienen que ser nuestra bandera, ni nuestro primer argumento pero que no se pierdan porque nos distinguen.

Sin nada que perder pero tampoco prácticamente nada que ganar, el Real siguió empujando y lo hizo con más toque y menos músculo aún que antes (¡el Pirata al campo!). Y funcionó. ¡Claro! Porque no se puede vivir con miedo y porque si siempre juegas a no perder, rara vez ganarás.

La suerte, el árbitro (con eso ya contamos siempre que jugamos contra nuestros eternos rivales… ) y el fallo de Arbeloa (el suyo y el de Pepe en el córner de Puyol son dos goles, demasiados regalos en una sola eliminatoria si quieres competir de verdad) nos dejaron fuera del torneo que fue nuestro en 2011 pero el fútbol nos devuelve algo importante.

La confianza.

Todos los que rodeamos al mejor club del siglo XX habíamos entrado en depresión, sólo Tomás Roncero mantenía la fe. Y es que había razones para deprimirse.

Sin embargo, tras ese empate a dos, podemos confiar en ganar cuando sea necesario. En el campo y circunstancia en el que estemos.

Espejismo. Podría serlo. Si volvemos a los malos hábitos (y en el caso de Mou son hábitos) podemos vivir de nuevo una regresión. Si de nuevo fallamos en las áreas, en las dos, seremos castigados. Si el Barcelona se reanima ligeramente podríamos volver a perder.

Y el espejismo podría ser total si el campeón portugués nos deja en verano para volver a las islas. Esta generación del Barça todavía no ha muerto, ¿podremos terminar de desterrarla sin Yosé? Preferiría no comprobarlo aunque creo que es muy probable que nos veamos en esa tesitura.

Pero no sólo pasó eso en esta quincena. También el Villarreal le quitó otros dos puntos al segundo y dejó en siete la diferencia del líder, margen que me hace sentir campeón. Un campeón que ya dosifica esfuerzos, como el sábado contra el Zaragoza. Creo que no veremos una segunda vuelta brillante pero si eficaz de los de la Castellana y Cibeles volverá a llenarse pero cuidado porque podrá no ser fin de ciclo sino tan solo un espejismo.

La semana se cerró con la derrota, séptima consecutiva, de mi ídolo Nadal contra Nole. Pero ésta tuvo algo diferente a las anteriores y algo parecido al cruce copero entre los dos grandes; Rafa se soltó, dejó de sentirse inferior. Necesitó estar contra las cuerdas pero cuando lo hizo, se acercó, compitió y pudo ganar.

Cuando estás en esa situación también puedes perder pero ya no hay fracaso, sólo éxito del contrario. No hay fracaso porque se restablece el equilibrio.

Esa actitud puede y debe traer victorias en el futuro. A Rafa y al madridismo. Que no se queden en espejismos…

Hasta pronto amantes del fútbol.

lunes, 16 de enero de 2012

PEREZA

Buenas noches a todos,

hay un premio para el que adivine de qué voy a hablar hoy. ¿Algún valiente? ¡Del Madrid - Barça! Claro, lo que todos queríais como sólo llevamos ocho en poco más de un año...

Sinceramente, no me apetece en absoluto escribir sobre este partido, es el mal llamado clásico al que llego más frío pero en este tipo de eventos hay que aparecer, no puede uno esconderse.

¿Por qué me apetece tan poco? Primero, porque como he dicho llevamos demasiados y no hay tanto que analizar y segundo, y principal, porque todavía no he recuperado toda mi fe después del desesperanzador 1-3 encajado en casa el 10-D.

No he recuperado mi fe porque puedo soportar perder pero me cuesta demasiado si no veo una línea ascendente, si no veo señales de cambio y porque el Real desde entonces no ha vuelto a jugar bien al fútbol.

¿Cuáles son las buenas noticias? Que el Barça también está mal y que no vamos de favoritos. Ya sabéis, si todo es igual y lo haces de la misma forma, ¿qué pasará?

En qué se diferencia esta visita de los de Pep de la anterior: en que casi todos daban favorito al Madrid en casa y con seis puntos de ventaja y ahora con cinco y jugando a la orilla de la Castellana también, casi nadie piensa que seamos los candidatos.

En este contexto futbolístico y en mi abrumador estado de apatía he de mojarme una vez más sobre lo que puede ocurrir, básicamente porque si no sería tan aburrido para vosotros como para mi.

Las bajas nos han facilitado un poco la tarea. No parece que sin Sami y el espartano, la poca confianza depositada en Kaká, Albiol, Granero y Sahin últimamente, y lo reciente de las recuperaciones de Carvalho y el fideo, haya muchas opciones para el 11.

Apuesto por el hombre de Mendes en la diestra de la retaguardia porque hace más que no juega de medio y por "Lasaña" como medio para dar coherencia a la alineación. Arriba, dudo si jugará con nuestro nuevo héroe Callejón a costa de Gonzalo o de Mesut pero apuesto por las vacas un poco más sagradas y creo que el canterano, desde su asiento Recaro, verá a Karim en la banda, a Mesut intentando destacar por fin en un derbi y al Pipa celebrar su lustro blanco frente al demonio blaugrana.

También apuesto a que CR volverá a llevar a la colisión su desesperada precipitación contra el muro del fracaso con cara de ex "4" de Cruyff.

Por la otra parte, creo que saldrán los de siempre, los del envite en liga y que, por lo menos al principio, jugarán con defensa de cuatro.

Respecto al juego, el Barcelona, a lo de siempre; el Madrid, debería jugar a lo mismo de los primeros minutos del último duelo o lo mismo a lo que jugó el Español: presión y velocidad, porque está claro que es la mejor fórmula (para encerrarse ya habrá tiempo cuando valga un empate en liga o en la vuelta de esta eliminatoria o de una hipotética en Copa de Europa).

Y llega el momento caliente: mi pronóstico. Pues como soy "La verdad" seré honesto con vosotros, no tengo ni idea. No estoy tan seguro de que el Madrid vaya a ser agresivo, no sé si sabrá hacerlo bien llegado el caso, aspiro también a una pájara del Barcelona (precisamente porque ahora se espera menos de nosotros)pero lo peor es que apenas me importa.

Me da igual la Copa. No porque sea un título menor, aunque lo es, si no porque sigo perdido y desilusionado y creo que debemos concentrarnos en no tirar lo que ya considero nuestro: la Liga.

Coherente con mis afirmaciones, dogmáticas en ocasiones, la distancia es suficiente y la fea victoria en las islas tuvo sabor a suerte del campeón, se sintió algo de la atmósfera de Capello de 2007.

Sólo podemos perderlo nosotros y este título si es de primer nivel y si supondría un paso adelante en el proyecto de Mou y en nuestro camino hacia el derribo de la hegemonía barcelonista.

Hastiado y despreocupado se despide vuestro amigo y seguidor "masivo" de este deporte.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

¿Y AHORA QUÉ?

Buenas noches antiguos amantes del fútbol,

Tengo que contaros que el sábado 10 de diciembre de 2011 caí en depresión.

Una depresión temporal pero depresión. Todavía queda alguna secuela en forma de apatía y desilusión futbolística pero sobre todo, sigo sin saber el porqué de los acontecimientos que me llevaron a ella.

Aquel día recibíamos en nuestro campo al vigente campeón con muchas expectativas creadas y una pila de puntos de ventaja sobre nuestro enemigo.

Era optimista en cuanto al resultado como ya sabéis pero nos reconocía inferiores y contemplaba la posibilidad de una derrota. Lo que no contemplaba era el juego y el planteamiento del Real Madrid aquella noche ni el desarrollo del partido.

Mou nos regaló el 4-2-3-1 habitual del que se había dudado en los días previos y ordenó presionar a los suyos como había hecho en los choques de agosto.

En medio de la confusión blaugrana, un mal pase de Valdés y un par de rechaces afortunados para los blancos desembocaron en el gol del rey Benzema en el primer minuto. En los instantes siguientes, viendo a un Real todavía agresivo pensé incluso en que la goleada era posible. Todas las circunstancias se ponían a nuestro favor.

Pero poco después nuestro amado equipo retrasó las líneas. De repente, el Barcelona tenía el balón, y era demasiado pronto. Sinceramente, me sorprendió que nos replegáramos tan temprano.

Mediada la primera parte, una sucesión de fallos de los nuestros terminan con Alexis cruzando el balón en un gran remate y empatando el partido. Desolador. Decepcionante.

Sin mucho esfuerzo, también sin mucho peligro, los de Pep mantuvieron el balón hasta el descanso y en el tiempo del bocadillo, el ánimo de los socios, la atmósfera en la grada ya no era de victoria, era como mucho de tablas.

Como también conocéis, el empate me parecía bueno pero desconfiaba de la manera de conseguirlo, seguía siendo optimista y creía que podíamos mantener nuestra renta de seis puntos pero empecé a tener dudas.

Hasta que no llegó el rocambolesco 1-2 el Madrid no volvió a tener peligro pero también entonces comenzó a quebrarse. Dos bandos se diferenciaron, los que atacaban y los que defendían (podría diferenciarse un tercero, el de los que jugaron de pena).

En otro fallo táctico de Marcelo, el enésimo con esta camiseta, llegó el gol de Cesc y con el 1-3 el Madrid se vino abajo y el Barça sumó ocasiones para la goleada.

Tras la narración de los acontecimientos o de cómo los viví en mi asiento, de los que también se puede extraer algo, realmente, ¿qué ocurrió?

Al principio me fui del país tres días y no lo pensé, luego no lo entendía, después hablé con algunos madridistas con buen criterio y hoy tengo algunas conclusiones pero no la certidumbre que acostumbro a tener.

¿Vimos a un gran Barcelona de nuevo? ¿Superior? Mi respuesta es que NO. Ese Barça no presionaba en la recuperación del balón como el del 2-6 o el 0-2, no jugaba a la velocidad del conjunto que nos hizo la manita, Valdés estaba nervioso, Puyol y Piqué más lentos y Messi mucho menos activo y peligroso que otros días. A su favor, he de decir, que Guardiola interpretó bien el partido adelantando a Alvés con la desventaja en el marcador formando el 3-4-3 con el que se había especulado y sus jugadores, como siempre, jugaron con inteligencia.

¿En qué se equivocó Mou? ¿Qué hicieron mal los de planeta Floren? Me gustó la alineación, aunque prefiero a Sami, Lass fue de los mejores, Coentrao estuvo sensacional en defensa (por lo menos para mi) hasta el 1-3 y sigo pensando que como se demostró en la Supercopa el trivote no era necesario.

También me gustó que saliéramos a acorralar al rival en su campo pero me sorprendió y decepcionó que lo dejáramos de hacer con un pírrico gol de margen, ¡estaba funcionando!

Esta es la primera clave, dejar de presionar. Cuando llegas al partido como favorito, líder con diferencia, juegas en casa y te pones 1-0 arriba, echarte atrás transmite un mensaje triste y muy peligroso a tu rival. Transmite que te falta hambre o seguridad en ti mismo para ir a morder, para ir a derribar, a desmontar a tu rival. Esto provoca que con el paso de los minutos, tu contrario crezca. Así ocurrió.

Segundo apunte, cuando el Real reculó faltó mucha tensión. Pretendíamos defender sólo por colocación, sin agresividad sobre el balón y esto no funciona ante un gigante como el Barça. Esa intensidad y concentración si se tuvieron en los duelos del mes de abril y mayo, incluso cuando no estuvo Pepe por sanción. Entonces los de la Castellana jugaban casi poseídos, corrían hasta la extenuación. El 10-D, tapaban huecos y demasiadas veces veíamos que el jugador del Camp Nou que pasaba el balón estaba solo y el que recibía ese pase también se encontraba libre de marca.

Había demasiado espacio, demasiada comodidad para jugar. ¡¡¡Estábamos blandos!!!

Tercer posible motivo del fracaso, imprecisión. He hablado de esta diferencia entre los nuestros y los suyos en otras ocasiones y lo he hecho, planteándolo como una diferencia de calidad técnica que todavía creo que existe pero ese fatídico sábado empecé a pensar que otra causa, que ya se atisbaba antes, podía ser la principal por encima de la habilidad con el balón. La inteligencia.

Algunos dirían ansiedad, otros, complejo de inferioridad y seguramente todos tendríamos razón porque están todos los conceptos relacionados, unos pueden ser consecuencias de otros pero a lo que me refiero es que en esta ocasión la imprecisión me pareció más fruto de nuestra precipitación que de la presión de nuestro eterno rival.

Si el oponente no presiona y tú pierdes el balón o eres mediocre con la pelota o tomas malas decisiones. ¿Son los jugadores del Real mediocres con el cuero? No pero desde luego, si toman muy malas decisiones en el campo (Cristiano, Pepe y Di María se llevan la palma en este apartado. Definitivamente, tengo claro que el fideo sobra en el once).

Esta cuestión de inteligencia la expuso con elegancia pero crudeza mi querido Ricardo preguntando cómo sería una entrevista, calmada en una mesa, con los cinco jugadores estrella de cada equipo. Qué fluidez verbal y solidez en sus argumentos mostrarían cada uno de los grupos. El sarcástico Álvaro fue algo más duro señalando que algún jugador blanco tendría problemas para encontrar el camino de salida de la ducha sin ayuda.

De inteligencia se trata cuando tomamos decisiones, de inteligencia se trata cuando hay que interpretar situaciones, de inteligencia se trata cuando hay que “leer partidos” y manejar los tiempos (absolutamente fundamental para la vida, en general).

Si sólo te acompaña uno de los tuyos contra cuatro o cinco defensas y no esperas a nadie más, has tomado una mala decisión. Si intentas un taconazo aislado en campo contrario, vuelves a equivocarte. Si giras sobre ti mismo encerrado en una banda para acabar centrando al área a un solitario delantero rodeado por tres zagueros, yerras una vez más.

Cuándo nos vamos a meter en la cabeza que aunque nuestra gran virtud sea el contraataque, que aunque nuestra ventaja competitiva sea la velocidad, que aunque las características de nuestros jugadores incitan a la verticalidad, los partidos a veces exigen algo más.

En ocasiones hay que parar, si el balón está durándote un segundo, quizá haya que parar. Si tú rival está creciendo con la pelota, quizá haya que frenar. Si vas por delante en el marcador y estás cansado para presionar, quizá haya que enfriar el partido, quizá haya que defender con el balón.

Si no somos capaces de verlo, si nos somos capaces de reconocer que necesitamos incorporar más recursos, no podremos darle la vuelta a esto. Muchos dicen que es ansiedad y obsesión por el Barcelona, no lo sé, quizá.

¿Y ahora qué? Gracias a Dios ganamos en Sevilla, con la derrota habríamos perdido la Liga, pero el hat trick de CR ya no ilusiona tras tanta actuación decepcionante en los clásicos.

Puntuar en la vuelta contra el otro caballo ganador empieza a sentirse como algo más remoto y sin esos puntos no habría trofeo.

¿Podremos cambiar nuestro juego? Después de varias exhibiciones de posesión y combinación, reaparece la precipitación. ¿Añadiremos esos nuevos recursos?

Tengo más dudas y escepticismo que ilusión.

El único consuelo es esa fe inagotable del madridista, fe que siempre vuelve y que puede alimentarse incluso con una victoria contra la Ponferradina.

Perdido y confundido, se despide vuestro amigo y fanático del fútbol.

viernes, 9 de diciembre de 2011

¡HASTA EL FINAL! ¡¡¡VAMOS REAL!!!

¡¡¡¡¡VAMOOOOOOOOOOOOOOOOOOSSSSSSSSS!!!!! ¡¡¡VAAAAMOS!!!

Como dijo Eduardo Punset, “la felicidad es la antesala de la felicidad”, por eso, hoy, el día antes del día “D”, la euforia y los nervios son difíciles de controlar.

Llego un poco tarde pero todavía a tiempo, espero que todos los fieles a “La verdad” podáis leer esta entrada antes del partido y agradezco que hayáis estado alerta reclamándolo para calentar el choque.

Tomo hoy como título uno de mis cánticos favoritos del Bernabéu porque llega un momento grande que todos los madridistas esperábamos. Llega EL DUELO, éste si que lo es de verdad.

En los equipos realmente grandes, no tenemos miedo a que lleguen estos partidos sino expectación. Queremos demostrar a todos que hemos crecido, que volvemos a estar ahí y que lucharemos por recuperar lo que es nuestro.

Con humildad y con el respeto que hay que tener al campeón pero la ambición propia de este club y del que es líder, vamos a intentar asestar el golpe definitivo a esta liga y quizá al ciclo blaugrana.

Y, ¿por qué sería el golpe definitivo? He de ser consecuente con mis palabras y cualquier resultado distinto a la derrota creo que nos daría la Liga.

Si ganamos no hay que abundar en más comentarios, nueves puntos y el golpe psicológico de la victoria serían letales.

¿Si empatamos? Desde mi punto de vista sería suficiente, aparte de lo expuesto en mi anterior entrada os recuerdo que el año pasado, la primera diferencia entre Madrid y Barcelona superior a tres puntos la marcó el Barça en la jornada 19, con un clásico ya jugado, tras el empate de los nuestros en Almería. Era de cuatro con toda la segunda vuelta por jugar y los de Pep no es que acabaran siendo campeones, que lo fueron, sino que ni perdieron el liderato ni estuvieron a menos de cuatro puntos en ningún momento de la segunda vuelta.

El nivel del Real Madrid es suficiente para confiar en que si tras un duelo directo tenemos seis puntos seremos capaces de mantenerlos en esta Liga tan desequilibrada.

¿Cuáles son mis temores? Ninguno.

¿Cuáles son mis dudas? Los partidos ante el Valencia y el Atlético de Madrid y la alineación con la que se especula que los de Mou saltarán al campo.

En el anterior artículo os hablé de esa táctica del mínimo esfuerzo contemplada en Noviembre de 2010 y de nuevo en Mestalla este año y lo hice antes del derbi. El partido contra los colchoneros no me gustó.

Fue distinto, no arrasamos al principio para dormirnos después pero no estuvimos fluidos, no disfrutamos la brillantez de semanas precedentes, nos atascamos.

El partido en el Molinón, estuvo bien habida cuenta de la baja del nuevo líder, el nuevo 14 pero tampoco fue brillante.

Llegamos en un buen momento pero quizá no en el pico de forma en lo que llevamos de temporada.

Pero lo que más me inquieta es la alineación. Se habla de “trivote” y eso me preocupa hasta casi rozar el miedo.

La torpeza de “Lasaña” Diarra y Sami Khedira creo que está fuera de cualquier debate y con la capacidad para la presión que tiene el Barcelona, no hace buena mezcla.

Confiaba en que la buena imagen del Madrid en la ida de la Supercopa, con doble pivote, y la incontestable trayectoria blanca en los primeros meses de competición condujeran a Yosé a alinear el mismo esquema de siempre pero parece que volverá a una táctica mucho más reservona y fiel a su propia naturaleza.

Si a pesar de esa táctica no habitual el Madrid sale a por el partido como hizo en Agosto y presiona al rival en campo contrario, no me preocupará demasiado porque creo que estamos en condiciones de ser agresivos y transmitiremos el mensaje adecuado.

Por el contrario, si además de soltar a los dos perros de presa juntos, cedemos terreno y balón, intuyo que nos meteremos en un lío por dos motivos.

El primero es que aguantar defendiendo al Barcelona es muy difícil por su aglomeración de pequeños jugones y segundo, porque el mensaje que le enviaríamos a los campeones sería triste, sería acomplejado cuando ellos esperan (no creo que teman) a un rival fuerte, renovado y confiado.

¡Importante! El empate nos vale pero cuál es la mejor manera de obtenerlo. Creo que buscando la victoria. Siempre lo creo y esta vez más que nunca.

Bajando al césped, lo que espero futbolísticamente es lo siguiente.

El Barcelona saldrá con 4-3-3 (esto no es recular, es su sistema de siempre, cambiarlo sería una imprudencia y una apuesta ofensiva equivocada, mal entendida e innecesaria para un equipo que siempre es ofensivo), Alves se incorporará bastante poco al ataque, Busquets y Abidal nada. Tendrán las líneas en medio campo pero serán agresivos ahí y buscarán ganar el partido a base de posesión, quizá lenta, pero que les asegure el control, que mantenga alejado al Madrid del área de Valdés.

Los últimos metros estarán en manos de Messi, otra vez, rozando la dependencia.

Xavi, Busi e Iniesta en el medio, Alexis y Cesc arriba con la pulga.

El Madrid saldrá con Coentrao haciendo de Arbeloa, el trivote mencionado y el Rey en la punta flanqueado por nuestras dos balas: el fideo Di María y el guapo Ronaldo.

“Trivotazo” pero líneas adelantadas como en el choque estival, eso es lo que espero, si marcamos pronto, tanto para Mouriño, si no, problemas para los suyos por cansancio y falta de recursos en la zona media.

Coentrao es sólido pero puede sufrir a pie cambiado, sobre todo, a la hora de sacar el balón. Confío en que CR fije (aunque no desborde) a Alves y que Di María vuelva loco a Abidal. La presencia de Benzema es necesaria en esta ocasión ya que sin media punta, su movilidad y variedad de repertorio serán más útiles que la verticalidad y el hambre del “Pipa”.

Pepe en la defensa junto al “Príncipe gitano” aportan algo nuevo y tremendamente valioso contra el Barcelona: velocidad y agresividad. Cualquiera de los dos puede salir y cualquiera de los dos puede hacer la cobertura al otro. Será fundamental para estorbar el juego entre líneas de Cesc si juega de falso nueve y clave para morder en el control y evitar la carrera con balón de Lionel.

Esta nueva pareja de centrales (estos si que son los Reyes de Europa) pueden ser los principales responsables de un hipotético cambio de rumbo de los duelos entre estos enemigos irreconciliables y pueden conseguir que el partido sea aburrido y frustrante para Fábregas que ha destacado goleando hasta ahora pero al que me apetece ver contra una pareja tan dura y compenetrada. Obviamente se gana en posesión pero se pierde en remate y juego de espaldas a Casillas, yo saldría con tres atacantes natos (Pedro o Villa al once) pero no voy a enmendarle la plana a Guardiola.

Deseo y confío en una victoria pero espero un empate porque es lo que parece que quiere Mou y él domina este juego. Además Pep colaboraría, desde mi punto de vista, con una alineación con cuatro peloteros sin mucha pólvora que alientan una posesión improductiva.

Todas estas consideraciones pueden ser alteradas y anuladas por los grandes genios que mañana se reunirán en la capital, dentro y fuera del terreno de juego. Los místers pueden sorprendernos con algo en sus planteamientos y los grandes cracks (no sólo el jodido Messi, alguno más, atención a Kaká desde el banquillo) pueden hacer saltar por los aires todo lo preparado en la pizarra en cualquier momento, ojalá lo hagan.

Mañana se enfrentan los dos más grandes del mundo en el encuentro más igualado que yo recuerdo y al nivel más alto, de ambos, que yo he vivido.

Mañana el mejor equipo del mundo visita al mejor Madrid desde los galácticos. ¡¡¡Qué el fútbol no defraude nuestras expectativas!!!

Mañana puede decidirse un título.

Mañana puede empezar a cambiar la historia.

Disfrutemos.

viernes, 25 de noviembre de 2011

¿REYES DE EUROPA?

Buenos y tensos días,

Tengo la sensación de que estamos en un momento caliente y crucial de la temporada y, por lo menos yo, empiezo a sentir ciertos nervios porque un título podría estar cerca de decidirse.

El título de esta entrada viene de una frase que empecé a acuñar con frecuencia hace algo más de un año.

Obviamente, me refería entonces a mi Real Madrid, y lo decía en broma, en cierta forma, porque seguía viendo al Barça por encima (igual que ahora… ) pero me encantaba la evolución de los de Concha Espina que estaba observando en esas fechas y soy de los que les gusta disfrutar los buenos momentos, duren lo que duren.

Lo que me gustó en el mes de Octubre de 2010 es que el Madrid había sumado toque y posesión al fútbol directo que se le presumía, y ciertamente tenía, dadas las características de su plantilla. Así vimos las goleadas al Deportivo en el Bernabéu y al Málaga en La Rosaleda como el empate en San Siro ante el AC Milán, con dominio, buen juego y robo arbitral (enésimo).

Celebraba asimismo que en su tercer mes, el tito Mou, hubiera conseguido llegar a eso después de una pretemporada y mes de septiembre bastante insulsos.

Llegó Noviembre y seguí viendo a ese equipo arrollador pero sólo unos minutos en cada partido. Eso empezó a preocuparme. Así llegaron las victorias en casa ante el Atlético de Madrid y el Athletic de Bilbao. 30 primeros minutos arrolladores, ventaja en el marcador y a dormir. Líneas retrasadas y a especular con el resultado.

A mucha gente no le parecerá del todo malo y, desde luego, no sorprendente conociendo a Yosé.

Nuestro Míster portugués se siente cómodo defendiendo y lo prepara bien. Es lo que él llama el bloque bajo, que también hay que saber ponerlo en práctica y sus equipos siempre lo han hecho excelentemente (de hecho, mejor que el bloque medio y el alto, seguramente). Es otro recurso, más variedad táctica para tu equipo pero a veces puede traerte problemas.

Llegó el 29 de Noviembre y la debacle en el Camp Nou. Eso desestabilizó completamente al Madrid que no recuperó el nivel de Octubre en toda la temporada salvo en ocasiones puntuales.

Hace poco había recuperado la frase “Reyes de Europa”. ¿Por qué? Porque mandamos en Europa, mandamos en España y porque seguimos perfeccionando nuestro estilo, a día de hoy, ecléctico, donde hay sitio para la presión asfixiante al contrario en su campo, hueco para el orden y la concentración extrema de un bloque bajo que defiende su portería, altar para el mejor desempeño del contragolpe que probablemente haya visto jamás y lo que es más esperanzador, invitación a unirse a nuestro libro de recursos al fútbol de toque con siete u ocho jugadores en línea o por delante del balón y paredes cortas, precisas y preciosistas donde el espacio se acaba.

Ese nivel futbolístico que hemos alcanzado, una vuelta de tuerca más sobre la versión anterior, la mayor longitud de la plantilla y el recuerdo de nuestra evolución en la sucesión de clásicos, de abril a agosto, que acabó con una brillante actuación en la Supercopa, a mi parecer, me elevaban a un estado de euforia que con los tres puntos de margen que tenemos en Liga me hacían albergar esperanzas importantes de conquistar el título doméstico y acabar con la hegemonía blaugrana.

¿Ha terminado esa euforia? ¿Y las esperanzas? No. Creo que estamos muy cerca y que podemos derribar al Barcelona pero en Valencia vi los síntomas del mes de Noviembre de 2010.

Marcó rápido Benzemá y por lo menos desde el minuto 30 (y son más de 60 de juego), estuvimos esperando en nuestro campo dominados en posesión por los chés.

Cierto que la posesión de los de Emery fue estéril hasta casi el final (maestría en el desempeño del bloque bajo) pero les permitió seguir vivos en el encuentro y cuando se encontraron con el inaceptable despiste de Marcelo si nos pusieron en problemas y pudieron habernos quitado dos puntos clave para el devenir de la Liga.

Mañana llega el derbi con el Atleti. Nadie confía en los colchoneros pero en algún momento volverán a dar batalla ¿Por qué no mañana? ¿Si el Madrid se confía? ¿Si el Real especula?

No es que me preocupe el Atlético más que el Sevilla en el Pizjuan, es que me preocupan todos hasta que llegue el Barça. Una ventaja de tres puntos obtenida después de 12 jornadas y habiendo pasado por Mestalla es una diferencia a cuidar porque muy pronto podría ser definitiva.

El Madrid tiene que llegar al clásico con tres puntos como poco y allí ganar.

Hay que dar un golpe en la mesa, hay que transmitir un mensaje y hay que ganar una Liga.

Desde la 2000-01 vengo diciendo que cuatro puntos o más al llegar la Navidad son definitivos (¡con más de media temporada por delante!). Si no me equivoco, sólo no se ha cumplido en la 2006-07 en la gran remontada del Madrid de Fabio “fútbol” Capello.

Si el Madrid gana “El Partido” (y supera con ello los tres puntos de ventaja), habrá ganado la Liga (quedaros con ese pronóstico). ¿Entendéis ahora mis nervios? ¿Mi inquietud?

Está llegando lo bueno, la temporada se está calentando, llegan los momentos en los que las estrellas tienen que estar, en los que los equipos tienen que mandar, demostrar su personalidad y su alma. En los que se forjan leyendas.

No es exageración, estamos frente a la gran batalla futbolística en mucho tiempo; F. C. Barcelona – Real Madrid y sólo puede quedar uno.

Lo mejor, que parece que puede que esta vez seamos nosotros…

Un abrazo a todos, futboleros, y feliz derbi.

domingo, 23 de octubre de 2011

¿POR QUÉ NO LO COGES? PORQUE ERES TÚ

Hola a todos, Mouriñistas y Guardiolistas,

una vez más, disculpadme por el retraso, han sido tiempos complicados para sentarse y escribir pero tengo propósito de enmienda y por fin logro hacerlo para dedicar unas líneas a alguien que las merecía desde hace tiempo y desde el 28 de agosto, especialmente.

El 28 de agosto, el teatro de los sueños presenció una humillación creo que sin precedentes entre dos equipos grandes que luchan por los mismos objetivos. El Manchester United, sin ser el mejor de los últimos tiempos pero demostrando una vez más su inagotable carácter competitivo arrasó al fino (y blando) Arsenal de Londres aplastándolo con ocho goles.

El título de la entrada de hoy, aparte de ser otro guiño a un amigo, es la conversación que tendríamos Arsene Wenger y yo si nos encontrásemos en la calle tras semanas de persecución telefónica por parte del francés sin ningún éxito (sensación, por otro lado, que no le es extraña).

Volvemos al monográfico para poner en la picota a uno de los más prestigiosos entrenadores del mundo, quizá considerado uno de los tres o cuatro mejores, que llegó a conquistarme en su día y que sin embargo hoy me causa algo cercano a la repulsión, concretamente, asco-pena, si me permitís la expresión.

Tras 10 años entrenando en su país natal y un pintoresco y breve paso por Japón, Wenger llegó a Londres en el año ’96 para rescatar a un Arsenal a la deriva en esos momentos.

Sus primeros años fueron un éxito, descubrió jugadores, empezó a introducir otra manera de jugar al fútbol en el país que inventó este deporte y ganó títulos. Los gunners con menos dinero y tradición le robaban el trono al ManU haciéndose con tres ligas y cuatro FA cups concentradas en ocho temporadas (en sus primeros nueve años, empezó a ganar en su segunda campaña, primera completa).

En esa época brillante además de estos siete títulos importantes consiguió gestas tan notables como los dobletes de los años ’98 y 2002 o la liga sin derrotas (¡ni una sola en 38 partidos!) de 2004.

A pesar de eso, el Arsenal era un equipo pequeño en Europa, que nunca había superado los cuartos de final en la Champions League pero también pudo con eso en la 2005-2006 alcanzando la final que perdió contra el Barcelona gracias a Manuel Almunia y a uno de los ídolos locales y estrella mundial al que todavía se le espera en una gran cita, Thierry Henry. Aquella final la jugó muy bien el Arsenal (con uno menos desde muy pronto) y aunque era inferior y el Barça claramente el mejor equipo de Europa debió haber ganado, si los protagonistas antes mencionados no hubiesen cometidos los errores que tuvieron aquella noche.

Se completaban 10 años resplandecientes y Arsene se convertía en el nuevo manager de la liga inglesa, el nuevo Ferguson. Un hombre de la casa, con mando y tiempo para desarrollar su proyecto.

Además era francés, no jugaba al pelotazo como se había acostumbrado en las islas desde el origen de todo y era un romántico de este deporte porque descubría estrellas.

Era el hombre de moda, el coach que todos querían, hasta el punto de que el equipo más grande de la historia y también el más inestable en el banquillo de las últimas décadas, el Real Madrid, le quiso y dos veces. Era la bandera electoral de Villar-Mir en 2006 y el deseado por “planeta Floren” a su vuelta en 2009.

Pero AW nos despreció, nos rechazó en ambas oportunidades y no contento con eso, nos criticó públicamente, en varias ocasiones, una de las últimas, criticando nuestro modelo imperialista fichando a balones de oro pagando auténticas millonadas (pero del fichaje de Ibra por los de Pep no dijo nada ni del de Zizou, su compatriota, en su día).

¿Por qué nos rechaza? ¿Por qué nos hace daño? Por el mismo motivo por el que lleva perdiendo desde 2005, por miedo, por falta de ambición, por aburguesamiento, por comodidad.

Cuando un entrenador ha ganado tanto en nada más y nada menos que 10 años, cierra ciclo y busca un nuevo reto. Debe hacerlo. Coger al Madrid y más con la inestabilidad en la que vivíamos es EL RETO. Mou, que si es el número uno, lo ha asumido y aguanta contra el rival más duro de todos los tiempos. El paciente francés sigue en su poltrona en la que vale todo.

Wenger se ha conformado con estar cerca, siempre entre los cuatro primeros y con opciones hasta las últimas jornadas (aunque sean remotas) porque tiene una coartada.

La coartada de la eterna reconstrucción. AW ha instaurado un régimen de reconstrucción permanente. Sus aciertos descubriendo jugadores jóvenes le han legitimado para fichar siempre a futbolistas no contrastados y vender a las estrellas del equipo transmitiendo la idea de que el equipo está naciendo, creciendo y que tiene proyección, recorrido.

¡¡¡Pero es todo una gran mentira!!! El espigado es un cobarde que se regocija en su imagen de elegante idealista que además de descubridor de talentos es uno de los pocos náufragos de la isla del fútbol ofensivo y, sobre todo, de toque.

Las apuestas y las reconstrucciones son buenas pero si son permanentes te alejan del éxito, siempre te falta algo para dar el último salto.

Entonces, ¿por qué lo hace? Intento encontrar un motivo que no sea la cobardía apuntada anteriormente y se me ocurre que sea por dinero. ¿El Arsenal necesita dinero?

Desde que dejaron de ganar, en 2005, han traspasado a las siguientes figuras: Vieira a la Juve por 20 millones de euros, Henry por 24 al Barça, Adebayor al City por 28, Cesc también al Barcelona por 34 (que podrían llegar a ser 40) y Nasri también al City (menos el Madrid, aquí pillan todos) por 28 millones de euros. Total: 134 millones de euros en seis años. Desde entonces el fichaje más caro y el único que ha llegado a los 20 millones ha sido Arshavin.

Parece que siguen el modelo del Sevilla de Monchi pero no me encaja porque el Arsenal es el quinto equipo del mundo que más dinero genera, 274,1 millones de euros en el último año según Football Money League 2011.

¿Son un centro de costes que sólo ajusta ingresos y gastos y no se preocupa de los títulos? ¡¡No deberían!! Un equipo de fútbol no es una empresa cualquiera, su vocación debe ser otra y la de Wenger, hombre de fútbol, también debe serlo.

Todo me hace volver a la teoría de la comodidad en su asiento del Emirates, en la autocomplacencia del adorado y admirado por todos (a veces mejor considerado que ganadores como Mourinho y Capello), el endiosamiento del innovador de la Premier con la mejor “propuesta futbolística”.

Esa misma propuesta le ha llevado, y esto si es meramente técnico y futbolístico, a suprimir el segundo delantero para recrearse en el fútbol de circulación con un centro del campo superpoblado de peloteros.

Vimos grandes parejas de delanteros en el Arsenal. Bergkamp coincidió con Ian Wright una temporada, en la 96-97, que fue sustituido por Anelka. Dos años después llegó Henry que se mantuvo mucho tiempo acompañando al holandés.

Aparte de esas parejas de atacantes había buenos medios llegadotes (Overmars primero, Pires después, por ejemplo).

Pero Arsene dejó de jugar con dos puntas, su fútbol perdió verticalidad, ganó toque pero la pegada se quedó en el camino. Es normal, fijaos, todos los equipos que juegan un 4-2-3-1 tienen problemas para marcar salvo que alguno de la línea de tres tenga mucho olfato (ejemplo, Cristiano en el Real).

Wenger es un maestro en la gestión de expectativas, siempre consigue que sean bajas y a muy largo plazo, y tiene buen gusto pero con el paso del tiempo ha defraudado a un otrora fan suyo como yo y supongo que a alguno más. Wenger no quiere ganar, tiene miedo a pedir, no quiere ser favorito y tiene un gran despliegue montado (organizativo, futbolístico y mediático) para alimentar su coartada.

¿Cuál será su siguiente paso? ¿Se retirará en el Arsenal? ¿Se sostendrá su coartada? No puedo contestar a esas preguntas pero desde hace un tiempo he visto la mentira que representa, me alegro de que no llegara a la Casa Blanca en su momento y espero que el tiempo vaya desmontando parte de su exagerado prestigio.

¡Pronto volvemos con más fútbol!

Un abrazo a todos.